domingo, 22 de marzo de 2009

Espacio-tiempo ¿una sola forma de comprenderlo?



Manuel Gerez del Río

La concepción que tienen las diversas sociedades sobre el transcurso del tiempo ha sido tema de diversas investigaciones. La comprensión de las ideas que sobre el tiempo imperaban en la América precolombina al momento de la Conquista, nos permitirá comprender mejor el papel que se le da al hombre en su devenir histórico.
En la cultura occidental, la idea del tiempo es herencia de las nociones judeo-cristianas de principio y fin, por lo que el tiempo se sucede en forma lineal. A partir de entonces, y a través del desarrollo de la civilización occidental, a esta noción de temporalidad se sumó la idea de que el tiempo es progresivo. La lectura de la historia, en consecuencia, se presenta como una progresión, una suma de conocimientos y de progresos escalonados del ser humano hasta el presente, que se supone “indudablemente” mejor que los tiempos pasados y que presupone un futuro promisorio gracias a la tecnología y al bienestar del libre consumo. La idea capitalista del tiempo asume la negación del pasado pues sólo el presente y el futuro permitirán los logros de la felicidad del hombre a través del progreso. Sin embargo, si nos detenemos a analizar las realidades de la modernidad, podemos comprobar que no siempre el pasado ha sido peor. Por supuesto no quiero dar una falsa idea de que el pasado es mejor que el presente, puesto que estaría falseando la realidad. No obstante, debemos tomar en cuenta que la modernidad formula falsas visiones o realidades parciales.
Entre los habitantes de Mesoamérica, la idea del tiempo no era lineal sino cíclica. Después de todo, la sucesión de los días, meses y estaciones aparece una y otra vez. Y es lógico. Nosotros aún tenemos una negada idea cíclica del tiempo. Basta con mirar un reloj de manecillas: el tiempo se sucede en ciclos. Los días se repiten cíclicamente así como los meses y el día y la noche. La idea cíclica entre los indígenas de Mesoamérica no funcionaba como determinismo ni fatalismo del eterno retorno. El ciclo evitaba negar el pasado. Esto permitía que los eventos históricos que se desarrollaban en un momento dado podían “acomodarse” en un registro del tiempo determinado a posteriori para “ajustarlo” a las profecías. La realidad se explica por medio de un sistema que enriquece el conocimiento del pasado con el presente. El sistema se entendía como una sucesión de turnos y cargas que implicaba tanto al espacio-tiempo como la participación activa de las deidades y la sociedad.
Entre los Incas, el tiempo estaba arriba o abajo (hana y huri), no adelante y atrás como lo concebimos, y existía un no tiempo: 37 días que no estaba contabilizados pues eran inútiles. El arriba y el abajo no se excluían, podían coexistir. El pasado estaba presente en el mundo actual. El pasado formaba parte del geomundo: los elementos antiguos estaban presentes, pues formaban las montañas, las piedras, los ríos. El espacio y el tiempo determinaban el orden del Universo, ya que éste variaba de acuerdo al hana o huri y los pachacuti (cataclismos que invertían el orden de la sociedad). Así, los eventos históricos importantes provocaban un pachacuti. Había sucedido en el pasado, cuando el Inkarri dominó la sociedad pre-inca. Sucedió de nuevo cuando los españoles conquistaron el Perú, cuando derrotaron al Inkarri y todo quedó al revés. La vuelta del Inkarri, cuando se junten las partes de su cuerpo, diseminadas por los conquistadores por el territorio andino, asegurará la vuelta al orden, una inversión nueva del territorio donde los indígenas recobrarán el poder, sus creencias y sus tradiciones.
¿Cómo lograr entender la ruptura que se generó al momento de la Conquista cuando se impuso la idea lineal del tiempo? ¿Realmente se comprende el tiempo así o en la realidad los indígenas siguen concibiendo el tiempo en forma cíclica, como se percibe en algunas ceremonias o en el registro calendárico persistente entre los mayas contemporáneos? ¿Y los descendientes de los Incas? Después de todo, se sigue esperando la vuelta del Inkarri y el nuevo pachacuti.

sábado, 7 de febrero de 2009

Gaita asturiana. Polkes Asturianes


Ensayo de la canción tradicional asturiana Polkes Asturianes. Gaita en DO# de Benia de Onís. Gaitero: Manuel Gerez del Río

Gaita asturiana. L'Añada


Ensayo de la canción de cuna (añaes) tradicional asturiana L'Añada. Gaita asturiana en DO# de Benia de Onís. Gaitero: Manuel Gerez del Río

Gaita asturiana. Villancicu d'Areyanu


Ensayo de la canción tradicional asturiana Villancicu d'Areyanu. Gaita asturiana en DO# de Benia de Onís. Gaitero: Manuel Gerez del Río

Os Cachetíos. Gaita asturiana en DO#


Un ensayo de la canción tradicional asturiana Os Cachetíos. Gaita asturiana en DO# de Benia de Onís. Gaitero: Manuel Gerez del Río

jueves, 5 de febrero de 2009

In Atl In Tlachimolli: la resistencia cultural.

Manuel Gerez del Río

La idea totalitaria de la historia ha perpetrado interpretaciones de hechos históricos errados que han pasado al presente como verdades absolutas. Muchas de las ideas que tiene el común de la gente con respecto a la Historia de México no es otro más que la construida en el siglo XIX bajo la lupa del nacionalismo mexicano. Así, diversos aspectos de la historia mexicana se vanaglorian, satanizan, niegan o reformulan bajo la construcción meta histórica de ese siglo.
Los ejemplos son varios; los atributos antagónicos señalados a Motehcuzoma y a Cuauhtémoc: uno, débil, dubitativo y entregado; otro, líder de la resistencia y guerrero que luchó por mantener la independencia de México-Tenochtitlán (en realidad, de las prerrogativas de la élite mexica).
Otro, la cuestión de la cristiandad de los indígenas. Para Occidente, el catolicismo indígena está apenas conformado por un ligero barniz que encubre toda una gama de “supersticiones” cuyo origen se rastrea en los “mitos” y creencias prehispánicas. Esta suposición de una mala conversión de los indígenas a la fe católica parte de esa idea de totalidad: la negación del otro a partir de la realidad que el Occidente conoce. La diferencia no radica en la realidad de la creencia o en qué tan cristiana es una u otra sociedad, sino en los sistemas de pensamiento que se oponen.
Para los indígenas la historia se concibe como una serie de ciclos. Estos ciclos, al contrario de lo que comúnmente se cree, no son deterministas. La capacidad del pensamiento cíclico indígena permite nutrir al sistema de creencias o a la historia de nuevos elementos. Estos pueden incluso ser las semillas de la resistencia cultural, pues permite una adecuación intrínseca frente a los cambios: se vale de ellos y los integra. Así, por ejemplo, en un texto de los señores de Tlaxcala, éstos se muestran sorprendidos de que Cortés quiera imponer al dios cristiano desplazando a sus dioses; al menos en el centro de Mesoamérica era costumbre integrar las deidades de los pueblos conquistados al panteón del vencedor. La idea de la divinidad católica y sus santos (a fin de cuenta otros elementos sacros) se integran a la idea del dios patrono y de los dioses, tanto del altépetl como de cada calpulli, que veremos en la iglesia principal y las ermitas de barrio.
¿Qué pasa cuando los frailes construyen los templos sobre zonas sagradas? En los elementos “secundarios” de las iglesias del siglo XVI encontramos en realidad un continuum entre el pensamiento religioso prehispánico y la novedad de los templos católicos. Los murales de Ixmiquilpan, por ejemplo, pintados entre 1571-1580, convierten a la iglesia en un verdadero teocalli, a pesar de la distancia de la Conquista, a pesar de los años de evangelización y a pesar del conocimiento de los frailes sobre las creencias antiguas.
La idea del indígena con respecto al templo católico es la continuidad del teocalli, de la Montaña Sagrada, el Coatépetl. Los datos son significativos: la deidad Cristo-Sol frente al Sol-Águila y el sacrificio humano; las flores, imagen de lo sacro y de la guerra florida; las pilas bautismales frente a los cuauhxicalli donde se ponían los corazones. En la portería de Huejotzingo, los arcos muestran los glifos de agua y fuego: el sacrificio sagrado, la metáfora In Atl In Tlachimolli.
Si pensamos que esto sucede en las iglesias fundadas en las cabeceras de los altépetl donde los frailes vivían, ¿qué podemos esperar de aquellos sitios mucho más alejados o aquellos que fueron fundados sobre los antiguos santuarios indígenas?

Publicado en Libertad de Palabra http://www.libertaddepalabra.com