sábado, 7 de febrero de 2009
Gaita asturiana. Polkes Asturianes
Ensayo de la canción tradicional asturiana Polkes Asturianes. Gaita en DO# de Benia de Onís. Gaitero: Manuel Gerez del Río
Etiquetas:
gaita,
manuel gerez,
música asturiana
Gaita asturiana. L'Añada
Ensayo de la canción de cuna (añaes) tradicional asturiana L'Añada. Gaita asturiana en DO# de Benia de Onís. Gaitero: Manuel Gerez del Río
Etiquetas:
gaita,
manuel gerez,
música asturiana
Gaita asturiana. Villancicu d'Areyanu
Ensayo de la canción tradicional asturiana Villancicu d'Areyanu. Gaita asturiana en DO# de Benia de Onís. Gaitero: Manuel Gerez del Río
Etiquetas:
gaita,
manuel gerez,
música asturiana
Os Cachetíos. Gaita asturiana en DO#
Un ensayo de la canción tradicional asturiana Os Cachetíos. Gaita asturiana en DO# de Benia de Onís. Gaitero: Manuel Gerez del Río
Etiquetas:
gaita,
manuel gerez,
música asturiana
viernes, 6 de febrero de 2009
jueves, 5 de febrero de 2009
In Atl In Tlachimolli: la resistencia cultural.
La idea totalitaria de la historia ha perpetrado interpretaciones de hechos históricos errados que han pasado al presente como verdades absolutas. Muchas de las ideas que tiene el común de la gente con respecto a la Historia de México no es otro más que la construida en el siglo XIX bajo la lupa del nacionalismo mexicano. Así, diversos aspectos de la historia mexicana se vanaglorian, satanizan, niegan o reformulan bajo la construcción meta histórica de ese siglo.
Los ejemplos son varios; los atributos antagónicos señalados a Motehcuzoma y a Cuauhtémoc: uno, débil, dubitativo y entregado; otro, líder de la resistencia y guerrero que luchó por mantener la independencia de México-Tenochtitlán (en realidad, de las prerrogativas de la élite mexica).
Otro, la cuestión de la cristiandad de los indígenas. Para Occidente, el catolicismo indígena está apenas conformado por un ligero barniz que encubre toda una gama de “supersticiones” cuyo origen se rastrea en los “mitos” y creencias prehispánicas. Esta suposición de una mala conversión de los indígenas a la fe católica parte de esa idea de totalidad: la negación del otro a partir de la realidad que el Occidente conoce. La diferencia no radica en la realidad de la creencia o en qué tan cristiana es una u otra sociedad, sino en los sistemas de pensamiento que se oponen.
Para los indígenas la historia se concibe como una serie de ciclos. Estos ciclos, al contrario de lo que comúnmente se cree, no son deterministas. La capacidad del pensamiento cíclico indígena permite nutrir al sistema de creencias o a la historia de nuevos elementos. Estos pueden incluso ser las semillas de la resistencia cultural, pues permite una adecuación intrínseca frente a los cambios: se vale de ellos y los integra. Así, por ejemplo, en un texto de los señores de Tlaxcala, éstos se muestran sorprendidos de que Cortés quiera imponer al dios cristiano desplazando a sus dioses; al menos en el centro de Mesoamérica era costumbre integrar las deidades de los pueblos conquistados al panteón del vencedor. La idea de la divinidad católica y sus santos (a fin de cuenta otros elementos sacros) se integran a la idea del dios patrono y de los dioses, tanto del altépetl como de cada calpulli, que veremos en la iglesia principal y las ermitas de barrio.
¿Qué pasa cuando los frailes construyen los templos sobre zonas sagradas? En los elementos “secundarios” de las iglesias del siglo XVI encontramos en realidad un continuum entre el pensamiento religioso prehispánico y la novedad de los templos católicos. Los murales de Ixmiquilpan, por ejemplo, pintados entre 1571-1580, convierten a la iglesia en un verdadero teocalli, a pesar de la distancia de la Conquista, a pesar de los años de evangelización y a pesar del conocimiento de los frailes sobre las creencias antiguas.
La idea del indígena con respecto al templo católico es la continuidad del teocalli, de la Montaña Sagrada, el Coatépetl. Los datos son significativos: la deidad Cristo-Sol frente al Sol-Águila y el sacrificio humano; las flores, imagen de lo sacro y de la guerra florida; las pilas bautismales frente a los cuauhxicalli donde se ponían los corazones. En la portería de Huejotzingo, los arcos muestran los glifos de agua y fuego: el sacrificio sagrado, la metáfora In Atl In Tlachimolli.
Si pensamos que esto sucede en las iglesias fundadas en las cabeceras de los altépetl donde los frailes vivían, ¿qué podemos esperar de aquellos sitios mucho más alejados o aquellos que fueron fundados sobre los antiguos santuarios indígenas?
Publicado en Libertad de Palabra http://www.libertaddepalabra.com
Publicado en Libertad de Palabra http://www.libertaddepalabra.com
Etiquetas:
indígenas,
mesoamérica,
mestizaje,
resistencia,
siglo XVI
miércoles, 21 de enero de 2009
Un gaitero en tierras otomíes

Por Manuel Gerez del Río
El contacto, violento o no, en el momento de la Conquista y tras de ella la colonización de América por los europeos, trajo consigo una importante y única serie de cambios culturales conocidos como mestizaje. El proceso de mestizaje es muy desigual, algunas cosas fueron adoptadas, y modificadas en su caso, en forma rápida; en otros casos, las formas culturales jamás lograron ni su inserción ni su modificación y fueron desechadas; algunas expresiones culturales suponemos que nunca existieron, pero ¿no lo fueron o es que se perdieron en ese “proceso de selección cultural”?
El convento de Ixmiquilpan, un edificio agustino de 1550, está localizado en la zona otomí del estado de Hidalgo. Cuando pensamos en Ixmiquilpan nos llega a la mente las fascinantes pinturas murales que se encuentran dentro de la iglesia, ejecutadas por artistas indígenas en la década de 1571-1580 y que presentan un interesante programa iconográfico dedicado a la guerra como continuum de un evento sacro para mantener el orden cósmico.
Pero en las paredes del convento de Ixmiquilpan hay diversidad de temas representados. Llama la atención una pintura que se encuentra en la testera norte del pasillo de la planta baja del claustro. Es una imagen de la Adoración de los pastores al Niño.
Esta representación fue muy común en Europa al menos desde la Alta Edad Media: el pesebre con la Sagrada Familia está rodeada de personajes extraídos del campesinado europeo de la época. Aparece un elemento que se convertirá en un icono asociado a este grupo social: la gaita. Este aerófono, compuesto por un odre, una o dos flautas con doble caña y uno o varios tubos que dan una nota pedal a través de una caña sencilla, está representado en la pintura de Ixmiquilpan: la representación de un actor social europeo y de un instrumento que le da su significado lo encontramos inserto en un medio humano-cultural totalmente ajeno.
¿Por qué llama la atención? Naturalmente no es el único icono europeo que está representado y que no existió en América; sin embargo, cabe preguntarnos si en realidad un instrumento tan popular en Europa “nunca” existió en el Nuevo Mundo, o bien si es que sí lo hizo pero nunca logró librar la dinámica de selección del mestizaje cultural. Los diversos instrumentos que los españoles trajeron fueron rápidamente acogidos al uso cotidiano o festivo tanto de los indígenas como de la sociedad colonial que se gestaba. Pero la gaita, no. Al menos eso sabemos hasta el momento.
El gaitero de la zona otomí, a pesar de su localización, no estaba vedado a los ojos de los indígenas. Los indios principales tenían acceso a esta zona, al igual que sus hijos, quienes desde la infancia pasaban buena parte de su vida bajo la educación de los frailes, además de otros indios al servicio del convento. Por otro lado, muchos frailes y pobladores provenían tanto del norte de España como de zonas de Castilla y Portugal donde la gaita era un instrumento popular, así que seguro formaba parte de su bagaje cultural. ¿Por qué, entonces, no tuvo arraigo?
Varios casos en la historia nos han mostrado que la inexistencia de alguna cosa en un momento temporal no implica que jamás haya existido. Después de todo, la información que tenemos de las sociedades del pasado es muy escasa y fragmentada. El gaitero de Ixmiquilpan puede ser un ejemplo de la infinidad de conocimientos que se perdieron irremediablemente en el laberinto del tiempo.
Publicado en http://www.libertaddepalabra.com el 25 de enero de 2009
Pero en las paredes del convento de Ixmiquilpan hay diversidad de temas representados. Llama la atención una pintura que se encuentra en la testera norte del pasillo de la planta baja del claustro. Es una imagen de la Adoración de los pastores al Niño.
Esta representación fue muy común en Europa al menos desde la Alta Edad Media: el pesebre con la Sagrada Familia está rodeada de personajes extraídos del campesinado europeo de la época. Aparece un elemento que se convertirá en un icono asociado a este grupo social: la gaita. Este aerófono, compuesto por un odre, una o dos flautas con doble caña y uno o varios tubos que dan una nota pedal a través de una caña sencilla, está representado en la pintura de Ixmiquilpan: la representación de un actor social europeo y de un instrumento que le da su significado lo encontramos inserto en un medio humano-cultural totalmente ajeno.
¿Por qué llama la atención? Naturalmente no es el único icono europeo que está representado y que no existió en América; sin embargo, cabe preguntarnos si en realidad un instrumento tan popular en Europa “nunca” existió en el Nuevo Mundo, o bien si es que sí lo hizo pero nunca logró librar la dinámica de selección del mestizaje cultural. Los diversos instrumentos que los españoles trajeron fueron rápidamente acogidos al uso cotidiano o festivo tanto de los indígenas como de la sociedad colonial que se gestaba. Pero la gaita, no. Al menos eso sabemos hasta el momento.
El gaitero de la zona otomí, a pesar de su localización, no estaba vedado a los ojos de los indígenas. Los indios principales tenían acceso a esta zona, al igual que sus hijos, quienes desde la infancia pasaban buena parte de su vida bajo la educación de los frailes, además de otros indios al servicio del convento. Por otro lado, muchos frailes y pobladores provenían tanto del norte de España como de zonas de Castilla y Portugal donde la gaita era un instrumento popular, así que seguro formaba parte de su bagaje cultural. ¿Por qué, entonces, no tuvo arraigo?
Varios casos en la historia nos han mostrado que la inexistencia de alguna cosa en un momento temporal no implica que jamás haya existido. Después de todo, la información que tenemos de las sociedades del pasado es muy escasa y fragmentada. El gaitero de Ixmiquilpan puede ser un ejemplo de la infinidad de conocimientos que se perdieron irremediablemente en el laberinto del tiempo.
Publicado en http://www.libertaddepalabra.com el 25 de enero de 2009
Etiquetas:
gaita,
gaitero,
ixmiquilpan,
mesoamérica,
mestizaje,
nueva españa,
pintura mural
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
